
Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción
El templo barroco, construido a lo largo del siglo XVIII, destaca por su peculiar portada de ladrillo rojizo y la imponente torre de ladrillo y azulejos que la corona. En su interior, el templo presenta una planta de cruz latina, con una grandiosa nave flanqueada por capillas laterales, adornadas con tribunas de vistosas repisas rococó que se montan sobre los arcos de acceso.
En la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, sobresale una cúpula de estilo rococó con una bellísima linterna superior, visible desde el exterior como el elemento formal que corona el conjunto. La cúpula (también conocida como «domo») es un elemento arquitectónico que se utiliza para cubrir un espacio de planta circular, cuadrada, poligonal o elíptica, mediante arcos de perfil semicircular, parabólico u ovoidal, rotados respecto de un punto central de simetría.
El tambor cilíndrico o cimborrio realza el transepto o crucero de la iglesia. Las pechinas, habitualmente decoradas por los evangelistas, están decoradas en este caso con dos escudos: el de la Virgen Inmaculada y el de San Pedro Apóstol.
Anteriormente, en el lugar se encontraba un templo romano, algunas de cuyas columnas de granito negro se utilizaron como basamento para la actual torre. También fue una iglesia visigoda y una mezquita. Tras la Reconquista, el 2 de septiembre de 1342, después de que Palma del Río fuera asediada y arrasada por el rey de Granada, el rey Alfonso XI nombró a Micer Egidio Bocanegra como primer conde. Este conde mostró un especial interés en reconstruir la iglesia, que pasó a llamarse Parroquia de Santa María, donde fue sepultado junto a su esposa, Doña María Fiesco.
Después del Concilio de Trento, la iglesia pasó a denominarse de la Asunción de Santa María. A finales del siglo XVII, el estado del templo era «ruinoso». La actual iglesia, en estilo barroco, es obra del siglo XVIII. El promotor de toda la obra fue el rector de la parroquia, Don Acisclo Ximénez de la Barrera, fallecido antes de concluir la misma. El epitafio de su tumba, al lado del presbiterio, dice: «Hic Corpus Jacet Insignis Rectoris Acisli… Anno Dne. de 1722».
La obra se prolongó por muchos años, comenzando en el crucero (1712), la portada (1725), la torre (1737) y la gran nave con capillas y portada lateral (1770). La planta del templo es de cruz latina con capillas laterales, comunicadas por galerías con arco a lo largo de la nave central que cuenta con coro alto y tribunas con bellos herrajes.
En las cuatro caras exteriores de la esbelta linterna se encuentra la fecha 1712. En la fachada principal, orientada al este, se puede ver la inscripción «Anno Dne- 1725», y en la entrada hacia la Puerta de Santa Clara, «1779». Podemos concluir que toda la obra duró unos cien años. La esbelta torre de 54 metros de altitud, con dos cuerpos de campanas, está construida sobre dos arcos y tallada en ladrillos de diferentes tonalidades y cerámica vidriada.
La ornamentación de yeserías con gran diversidad de formas y estilos se puede observar en el crucero, pechinas, capiteles de las pilastras y modillones de las cornisas, con estilos barroco y rococó. La cúpula de estilo rococó y los balcones interiores recuerdan a épocas en las que la nobleza asistía a misa desde el palacio adjunto, por seguridad y para no mezclarse con la gente humilde.
El conjunto fue restaurado recientemente, completándose las 18 vidrieras que representan los 7 signos sacramentales duplicados, el patrón don Sebastián, la Virgen de la Asunción, un Pantocrator en la capilla del Carmen y una vidriera en la capilla de la Expiración con los símbolos de la hermandad.
Al final del siglo XX se restauró la primitiva pila bautismal de mármol blanco, sobre un mosaico de 23.500 teselas de mármol, con la inscripción: «Nisi quis renatus fuerit ex aqua et Spiritu Sancto. Jn 3,5…Anno Domini MCMXCVI». Su simbolismo representa un cielo estrellado del que desciende una paloma que fecunda las aguas bautismales.
La nave central, de cruz latina, mide 60 metros de largo por 15 metros de ancho. Se pueden contemplar cuatro pinturas de grandes dimensiones, obras de Gabriel de Rosales, relativas a la infancia de Jesús, que aluden a la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento y la Presentación del Niño Jesús en el Templo.
Otros cuatro lienzos representan a San Agustín, San Gregorio Nacianceno, San Ambrosio y San Jerónimo. El templo alberga numerosas obras de arte, con magníficos retablos barrocos de distintas iglesias y lienzos barrocos de la escuela cordobesa. En el retablo lateral se encuentra una excelente escultura de San José en talla policromada de gran calidad y expresividad.
Las capillas en el lado del evangelio (lateral izquierdo) son la capilla de Ntra. Sra. de la Cabeza, el altar del Beato Ceferino Giménez, la capilla del Santísimo Cristo de la Expiración, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista. En el lado de la epístola (lateral derecho) se encuentran la capilla de San Antonio de Padua, el cuadro de San José María Escrivá de Balaguer, Cristo de la Agonía y la capilla de la Virgen del Carmen.
El retablo mayor actual es una recomposición, con escasas referencias sobre la procedencia de los diversos elementos que lo integran. Se dice que el cuerpo inferior, con tres hornacinas y cuatro estípites compuestos, perteneció al desaparecido retablo de la Ermita del Buen Suceso.
El retablo mayor fue precedido por otro de menores dimensiones, que ya incluía un altorrelieve con el tema de la Asunción de la Virgen, el mismo que hoy se encuentra en el centro del retablo actual. El altorrelieve, datado en los primeros años del siglo XVIII, muestra dos ángeles sosteniendo la corona sobre María, otros dos elevando sus vestiduras y, a sus pies, una media luna y una nube con tres querubines. Sobre la cabeza del querubín central, delante de la luna creciente, la Virgen apoya su pie.
Otras pinturas del retablo son dos santos padres de la iglesia occidental: San Agustín, con mitra de obispo, y San Jerónimo, con hábito de cardenal, formando parte del grupo tradicional de cuatro cuadros, mientras que San Gregorio y San Ambrosio se ubican en los laterales del presbiterio. Son pinturas del siglo XVIII. También destaca la copia de la Deposición de Anton van Dyck, ubicada en el centro del cuadro superior del retablo, realizada por pintores locales activos en la segunda mitad del siglo XVII.
Sobresalen dos medios puntos a considerable altura a ambos lados del crucero de la parroquia. Su autor es, sin duda, Juan de Espinal (Sevilla, 1714-1783), figura destacada de la pintura sevillana en el siglo XVIII, discípulo y yerno de Domingo Martínez.
Una de las pinturas, encima del retablo de San José, representa a la Virgen Dolorosa Pelegrina con una inscripción a sus pies. La Virgen Pelegrina de Quito es una talla de bulto redondo, rodeada de pequeños ángeles con atributos de la pasión; también aparece un barco, quizás en referencia a la protección de la Virgen en las travesías de los misioneros.
La otra pintura, encima del retablo de San Nicolás de Bari, representa a una Divina Pastora, iconografía franciscana que comenzó a representarse a partir de 1703, cuando Fray Isidoro de Sevilla, capuchino, tuvo una aparición de la Señora ataviada de pastora.


